Para imprimir este artigo sem cortes clique no ícone da impressora >>>
 
 

A ALEGRÍA DE FAZER/SE EM PSICOPEDAGOGÍA

Alicia Fernández

Notas para la ponencia de Alicia Fernández en el Congreso de Psicopedagogía

Casi todos los presentes psicopedagogas, psicopedagogos, están-estamos en la placentera y difícil tarea de construirse en psicopedagogía, por eso llamé en portugués a esta charla : "A alegría de fazer/se em psicopedagogia" y en español "La alegría de hacer, hacerse en psico-pedagogía".

Yo pienso que la responsabilidad se junta con la alegría en la profesión que elegimos : ser o estar siendo psicopedagogos. A diferencia, por ejemplo, de un arquitecto que podría (si bien no sería bueno para él) diseñar, bellas residencias para otros y él mismo, morar en una residencia desagradable, los psicopedagogos al proyectar "residencias" para otros, precisamos simultáneamente ir diseñando las propias.

¿Cuáles son esas residencias de las cuáles estoy hablando ?. Son los espacios subjetivo-objetivos, espacios transicionales, espacios "entre", espacios de construcción, de autoría de pensamiento. Un psicopedagogo, una psicopedagoga, no puede diseñar espacios de autoría de pensamiento para los otros si no construye simultáneamente, espacios de autoría de pensamiento para él mismo.

Es aquí donde se nutre mi energía y mi alegría, ya que en nuestro quehacer, simultáneamente necesito hacer conmigo aquello que deseo hacer con los otros.

En los años 60, tanto en Europa como en América comienzan a configurarse una serie de nuevas disciplinas que podemos llamar de "entremedio". Éstas se caracterizan por producir y producirse en el espacio de las relaciones entre otras disciplinas, principalmente en la contradicción de la relación entre ellas. Su singularidad está en formarse en el lugar producido por la relación contradictoria entre las otras disciplinas. Surgen en los bordes, en las intersecciones y más aún, en aquellos espacios que no pueden interseccionarse. Esos espacios los estamos definiendo como "espacios entre". Para la psicopedagogía esos bordes se dan entre el conocer (objetivante, lógico, consciente) y el saber (subjetivante, dramático, inconsciente), entre el organismo y el cuerpo, entre la inteligencia y el deseo. A su vez es también un lugar intersubjetivo, entre el enseñante y el aprendiente. Espacio que no es puente ni pasaje, ni convergencia, sino lugar de producción de diferencias.

En Latinoamérica, principalmente Brasil y Argentina, podemos estar orgullosos de haberle dado a la Psicopedagogía una fuerza y un carácter especial. Hoy muchos países europeos, están comenzando a utilizar nuestras propuestas.

La práctica y la disciplina Psicopedagógica, han nacido en diversos países, en respuesta a una demanda cada vez más acuciante en relación al fracaso escolar y la problemática de aprendizaje.

Heredamos un nombre: Psicopedagogía y una historia, pero hay diversas formas de posicionarse ante una herencia. No sólo dos opciones : rechazarlas o repetirlas. Heredar también puede ser, como dice Castoriadis, poder usar la herencia recibida de la forma y para lo que nosotros pensemos y creamos adecuado.

Para mí, el objetivo de toda intervención psicopedagógica es: ABRIR ESPACIOS SUBJETIVOS Y OBJETIVOS, DONDE LA AUTORÍA DE PENSAMIENTO SEA POSIBLE. Es decir que el campo de acción se abre cada vez más hacia la salud, hacia las relaciones enseñantes aprendientes en general. Sea en la escuela, en la familia, o en los medios de comunicación.

La psicopedagogía se sitúa, por su objeto de estudio, en las fronteras de disciplinas como la pedagogía, la psicología, el psicoanálisis, la lingüística, sin intentar hacer una intersección con ellas. Responde a cuestiones sobre el aprender y sus problemáticas, pero orientándose especialmente a los aspectos subjetivantes de los procesos de aprendizaje.

La psicopedagogía es hoy una disciplina joven, cuestionadora, en gran expansión. Tiene además múltiples filiaciones. Surge, en Argentina desde la neurología, pero fisurando al organicismo y al modelo médico hegemónico; en Brasil desde la educación, pero cuestionando a la institución educativa y al propio modelo educador-educado. En ambos países, nació de algún modo, desde la patología en el aprendizaje, pero buscando lo que hay de salud en el sujeto aprendiente, y cada vez más se orienta hacia la búsqueda y promoción de las condiciones posibilitadoras del aprender. 

Nuestra disciplina fraterniza con el psicoanálisis, pero habla de autoría de pensamiento. Trabaja con la familia, pero discutiendo a las "posturas sistémicas", principalmente por la necesidad de rescatar y potenciar la diferenciación, la singularidad de cada uno como aprendiente y/o enseñante . Fraterniza con la pedagogía especificando las relaciones entre modalidad de enseñante y modalidad de aprendizaje. Fraterniza con la psicología genética, pero sin tener como sujeto al sujeto epistémico, sino al sujeto aprendiente.

Todas las anteriores, son circunstancias que hacen a la existencia y a la fuerza instituyente de cambio que puede tener la psicopedagogía, como un devenir, en el sentido deleuziano.

"La psicopedagogía ya está legitimada, a partir de las prácticas y las conceptualizaciones teóricas existentes"

Todas las disciplinas han tenido y siguen teniendo múltiples relaciones con otras. Han nacido de diferenciaciones con otras, tomando herencias de otras. Eso es bueno. En ese movimiento constante de oposiciones es donde más se puede crecer. Entonces, es propio de la psicopedagogía el cuestionamiento sobre ella misma. Es una de sus riquezas. Enhorabuena que exista una disciplina que pueda seguir preguntándose sobre qué es ella misma. De ésto, precisamente, se trata el aprender : de preguntarse ¿quién estoy siendo?.

La psicopedagogía trabaja con aquellos movimientos entre el conocimiento y el saber que van a dar lugar al aprender.

Una teoría psicopedagógica que hable sobre el aprender es una teoría que pueda trabajar las relaciones entre lo objetivante y lo subjetivante.

Recuerdo que una vez Sara Paín dijo que la formación del psicopedagogo es mucho más difícil que la formación del psicoanalista y del pedagogo ya que necesita saber de pedagogía, de psicoanálisis pero, al mismo tiempo, con eso sólo, como conocimientos, no hace psicopedagogía. Al trabajar con las modalidades de aprendizaje de otros, necesitamos abrir, mover, dinamizar nuestras propias modalidades de aprendizaje. Con esto quiero decir que las teorías, cualquiera de ellas, son teorías si sirven como herramientas de trabajo y no como objetos a adorar u objetos sagrados que no se pueden ensuciar. Las teorías son muy necesarias pero lo son como la red para que el equilibrista arriba, en el hilo, pueda ir haciendo equilibrio. Las precisa para que esté tranquilo al hacer las piruetas y si cae estará la red que lo sustente. Hay quienes confunden el hilo con la red y van caminando por la red, entonces, la teoría no le sirve para nada. Esto pasa porque ya tenemos metido desde preescolar una modalidad de enseñanza que lleva a mantener la rigidez de las ideas como cosas terminadas a adquirir. Cuando las teorías se usan así lo que se logra es que todo siga igual, que nada cambie y solo quedarse mirando la teoría como una luz, en vez de usarla para que ilumine y poder ver otra cosa.

El psicopedagogo al encontrar su singularidad en la promoción de espacios de autoría de pensamiento, dirigirá sus acciones, tanto a los enseñantes padres en su vínculo, a los hijos aprendientes, como a los enseñantes profesores. Considera a los profesores en un doble lugar de aprendientes y de enseñantes. Un profesor conseguirá enseñar mejor, en cuanto consiga aprender mejor.

El aprendizaje se dramatiza en el cuerpo, a partir de la experiencia de placer por la autoría. Ser autor del acto de enseñar y de aprender.

Un niño/a, aprende a caminar, no porque tenga piernas, sino porque sus padres desean que él camine y lo consideran capaz de caminar. A pesar de saber que cuando el niño camine solo, podrá "escaparse" : e ir hacia donde ellos no podrán controlarlo. Saben que podría dejar de necesitarlos para que lo lleven a upa y aún así, promueven el caminar.

El profesor construye y posee conocimientos, pero su función no es transmitir información sino propiciar herramientas y un espacio adecuado (lúdico) donde la construcción del conocimiento sea posible.

Para que el alumno pueda apropiarse del placer de autoría, necesita de un enseñante-maestra/o, que lo invista de la posibilidad aprendiente, del lugar de sujeto pensante.

A veces los profesores pretenden despertar el deseo de aprender de sus alumnos, apelando a que estudiar es necesario para alcanzar un trabajo mejor, o para ganar dinero, o para ser reconocido socialmente, desmintiendo lo que la realidad muestra y desvirtuando el acto y el objeto del aprender.

¿Cómo puede el maestro abrir un espacio donde el aprender cumpla con su papel constructor de autoría de pensamiento ?

Sabemos que es una difícil labor. El sistema educativo en el que el maestro está inserto como docente ; los medios de comunicación con su modalidad enseñante cada vez más exhibicionista y propiciadora del consumismo de informaciones ; y en tercer término, pero no menos importante, el sistema educativo soportado por esos profesores, cuando ellos eran niños o niñas alumnos, imponen y exigen el éxito, el producto, desacreditando el valor de la autoría.

Solo será posible que los maestros y las maestras puedan ganar espacios del jugar-aprender, para sus alumnos, cuando ellos puedan simultáneamente construirlos para si mismos.

Ser un maestro "suficientemente bueno", no es una cuestión de técnica, ni de aprendizaje de contenidos. Principalmente es un posicionamiento, una postura en cuanto a si mismo como aprendiente, que redundará en los modos de enseñar.

Tarea compleja y a su vez enormemente placentera, la de la maestra y el maestro, si consigue hacer consigo mismo lo que propicia para los otros. Tarea a su vez compleja y placentera la del psicopedagogo que necesitará trabajar con los maestros, en relación a sus alumnos, con los padres como enseñantes en relación a sus hijos, con los hijos como aprendientes y enseñantes consigo mismo abriendo sus propios espacios de autoría de pensamiento.

Aprender es apropiarse del lenguaje ; es historiarse, recordar el pasado para despertarse al futuro ; es dejarse sorprender por lo ya conocido. Aprender es reconocerse, admitirse. Creer y crear. Arriesgarse a hacer de los sueños, textos visibles y posibles.

Publicado em 01/01/2000


Alicia Fernández - Psicopedagoga

Dê sua opinião:

Clique aqui: Normas para Publicação de Artigos